Esta variedad de uva de origen Borgoñón, es la más internacional de las uvas blancas. Se cultiva en todos los países productores del mundo por su gran calidad y capacidad de adptación.

Una uva de gran carácter con la que se elaboran vinos con buena acidez, cuerpo y volumen, donde los aromas suelen recordar a los cítricos, en ocasiones a frutas tropicales, el heno y la miel.

Por su gran clase, se suele elaborar siempre sola, tanto para vinos jóvenes como de guarda; sus vinos son muy aptos para el envejecimiento y crianza en barrica.

En su ciclo vegetativo destaca la brotación precoz y su sensibilidad a las heladas, florece a primeros de Junio, madura muy temprano, también es sensible a la sobremaduración por lo que hay que vigilar muy cerca su desarrollo y elegir el momento óptimo de maduración. Su ciclo vegetativo es muy corto.

Es sensible a la botrytis, al oídio y a la polilla del racimo.

Aunque se suele adaptar muy bien a cualquier tipo de terreno, prefiere climas suaves, frescos y algo húmedos, es sensible a la sequía y prefiere terrenos fértiles.

Los racimos suelen ser de tamaño pequeño, de forma cilíndrica con una o dos alas laterales; son compactos y de pedúnculo corto; granos pequeños y esféricos de un color amarillo oro en maduración, piel reluciente y fuerte.

En nuestro porfolio tenemos la suerte de contar con grandes vinos elaborados con esta variedad, hoy os recomendamos nuestro queridísimo Enrique Mendoza Chardonnay, nariz sublime cargada de flores blancas y frutas de hueso, con recuerdos a miel de romero, y en boca resulta pleno, sedoso e increíblemente largo. Todo un acierto en tu mesa!